domingo, 13 de mayo de 2012

Marioneta

Una marioneta con cuerdas de esperanza se sostenía en pie, en aquel teatro de cartón. Sus hilos eran tan abstractos que en realidad... eran imaginarios. No existían, pero tenían que existir, porque sino la marioneta se caía, se derrumbaba.


¿Quién es capaz de maniobrar una marioneta con hilos imaginarios?
Pues ella sola, claramente.


Ella sola se controlaba a sí misma, porque ella sola tenía el poder para derrumbarse. Prefirió no hacerlo y esforzarse, encontrar alguna fuerza que le diera cuerdas para levantar sus tristes y débiles extremidades. Y llegó... la esperanza. Tan fuerte eran estas cuerdas que lograron elevarla, hacerla caminar, levantar sus bracitos. Su cabeza seguía mirando al piso sin embargo. Ni la esperanza tenía tanto poder como para lograr convencer a la marioneta de que debía poner la frente en alto. Pero claro, no tenía esa fuerza porque la triste marioneta también era realista, y nunca descartó los no, por más que iba a seguir en pie hasta que se le acabe el último .
De la esperanza la marioneta podía mantenerse en pie, pero cuál era esa otra fuerza necesaria para levantar su pesada cabeza, que estaba más cerca del piso que del cielo. Nadie lo podía saber, excepto el pobre muñeco.


Su cabeza se volvió tan pesada que empezó a tirar a todo su cuerpo, y su cuerpo todo el teatro de cartón. En picada, cada vez peor. En eso la marioneta recordó... yo soy la que controla mis cuerdas. Y la esperanza de la nada la levantó, pero no pudo evitar la caída del mini teatro. Su alrededor destruido, la cabeza aún baja, pero su cuerpo de pie, caminando. El día que descubra que la esperanza nunca se volverá realidad, dejaré caer mi cuerpo sobre los escombros, junto con mi pesada cabeza, abandonando mis cuerdas, y adquiriendo un nuevo peso para hundirme más rápido... la depresión. Pero por ahora no quiero pensar en eso, porque quizás el día de mañana la esperanza se una con los hechos, y una nueva cuerda venga a poner mi frente bien alta.
Nadie es dueño de la verdad...




Atte. Danis

No hay comentarios:

Publicar un comentario