Es conocer algo nuevo, tener que acostumbrarse a todo ello... o más bien, tener que aprender de todo ello.
Me sentí tan impotente... esa es la palabra... impotente.
Ni innivida.
Ni nerviosa.
Ni tensa.
Ni asustada.
Ni insegura.
No... Impotente. Pero fue después, a consecuencia de todo aquello.
Me sentí como un trapo que cae pesadamente sobre el piso frío y duro, preguntándome "¿por qué?", y sin saber responderme, lo cual me hacía sentir peor.
---------------------------
Tan solo unas cuantas horas después me encontré hablándolo con suma confianza, sin nada que ocultar, ya que no requería de la vergüenza en ese momento, sino de la ayuda, de los consejos y de un oído.
Era raro. No se si se debió a la confianza desarrollada con dicha persona o la necesidad de que me escuchen y aconsejen, pero sentía como si hablara de una tercera persona, no de mí misma. Podría haberme convertido en el soplón de mis propios secretos y aceptar que me fusilen por ello sin problema.
Y bien que me sirvió hablarlo. Por más que la respuesta sigue escondida en una neblina difusa, se que yo soy la encargada de atravesarla hacia la luz, y voy a seguir buscando hasta encontrarla.
Atte. Danis
No hay comentarios:
Publicar un comentario